cambia

 
Cambia.
Pero empieza poco a poco, 
porque la dirección es más importante que la velocidad
Siéntate en otra silla, al otro lado de la mesa.
Más adelante, cambia de mesa.
Cambia por un tiempo el estilo de las ropas; 
y procura andar descalzo durante algunos días, 
aunque sea dentro de casa.
Dedica una tarde entera a pasear libremente, 
oír el canto de los pájaros 
o el ruido de los coches. 
Abre y cierra los cajones y puertas con la mano izquierda.
                                         Aprende una palabra nueva cada día.
Come un poco menos, come un poco más, 
come diferente: escoge nuevas salsas, 
nuevos colores, cosas que nunca te atreviste a probar.
Prueba lo nuevo cada día: 
el nuevo lado, el nuevo método, 
el nuevo sabor, la nueva manera de hacer algo, 
el nuevo placer, la nueva posición.
Elige otro mercado, otra marca de jabón, otra pasta de dientes.
Ama cada vez más, de maneras diferentes. 
Aun cuando pienses 
que la otra persona puede asustarse, 
ugiere lo que siempre soñaste hacer, 
a la hora del sexo.
Cambia de bolso, de cartera, de maletas, 
compra nuevos lentes, escribe otras poesías.
Cambia. 
Y piensa seriamente en conseguir otro empleo,
una nueva ocupación, 
un trabajo más parecido a lo que esperas de la vida, 
más digno, más humano.
Si no encuentras razones para ser libre, 
invéntalas: sé creativo.
 Experimenta cosas nuevas. 
Cambia nuevamente. 
Cambia de nuevo. 
Prueba otra vez.
Conocerás ciertamente cosas mejores 
y cosas peores de las ya conocidas, 
pero no es eso lo que importa.
Lo más importante es el cambio, 
el movimiento, el dinamismo, la energía.
Sólo lo que está muerto no cambia, 
y tú estás vivo.